Los límites … ese “término” que tanta controversia genera en el ámbito de la crianza.

Existe un debate sobre si en la crianza respetuosa se sobreprotege a los niños o, incluso, que se les deja hacer lo que quieran. Sin embargo, educar desde el respeto no es plantearles una vida entre algodones o en una burbuja, o ser incapaces de decir NO y dejar que hagan y deshagan a su antojo. La crianza respetuosa busca que los niños se enfrenten a las consecuencias de sus decisiones, dentro de unos límites claros y respetuosos. Están protegidos, pero no sobreprotegidos.

En la crianza respetuosa consideramos que los límites y normas son fundamentales, pero no todos, y no de cualquier manera. Poner límites o normas desde el respeto mutuo y la coherencia no siempre es fácil, nos obliga a detenernos y analizar bien lo que tenemos (y lo que nos falta).

Si con los límites lo que pretendemos es tener control sobre nuestro hijo, que haga lo que yo le digo Y PUNTO, entonces no, no son límites respetuosos, sino que sería otro sinónimo más de amenazas o chantajes, y cuya consecuencia es, simple y llanamente, el castigo.

En cambio, nosotros con los límites y las normas no buscamos culpables, ni tampoco vamos a penalizar su incumplimiento. Lo que queremos es transmitir a nuestro hijo que la convivencia conlleva el respeto a las necesidades propias y ajenas, que mi libertad acaba donde empieza la tuya, y les otorgamos habilidades para que el día de mañana, nuestros hijos se desenvuelvan de forma segura y empática en sociedad, sin ser “borregos”.

En este artículo vamos a contaros cómo establecer límites y normas de forma respetuosa, empática y coherente.

 

 

Normas y límites ¿significa lo mismo?

 

En realidad, son conceptos distintos:

Los límites son todas aquellas líneas rojas que no se pueden cruzar, y se refieren a la integridad física y emocional de los demás, la seguridad, la salud… transmiten seguridad al niño, siempre que respeten sus necesidades de desarrollo y sus necesidades primarias. Otorgan un espacio seguro en el que explorar y desarrollarse.

El límite, y cómo lo establecemos, marca la diferencia entre que haya libertad o no la haya. El límite ayuda a marcar un territorio: el mundo es muy grande y el niño es pequeño, por lo que los límites, siempre que permitan libertad, y respeten sus necesidades, van a permitir al niño manejarse con seguridad. Son como las fronteras del territorio, dentro de las cuales el niño puede moverse, experimentar y jugar con plena libertad.

Las normas, en mi opinión, deben ser de convivencia, las que establecen como convivir respetando sus necesidades y las de los demás. Marcan la organización de una familia. Más que limitar, lo que hacen es reglamentar y se refieren a conductas, no a líneas rojas. Las normas no pueden estar en contradicción con los límites, pero la diferencia con estos es que las normas sí permiten la negociación. Son más flexibles. Si un día no se cumplen, no estaremos a poniendo en riesgo la integridad de nadie. Indican al niño como convivir en sociedad, pero no indican cómo debe actuar (premios-castigos).

Por sencillez y para facilitar la lectura, en este artículo vamos a hablar de límites y normas indistintamente.

Como ya hemos dicho, el objetivo de las normas y límites familiares debe ser generar seguridad. ¿Cómo? Mediante normas consistentes, transmitidas con respeto y aplicables a todos los miembros de la familia.

Y muy importante: su incumplimiento no es penalizable, no buscamos que el niño pague por no haberlas cumplido. En la Crianza Respetuosa lo vamos a trabajar de otra manera (más lenta, pero más segura y eficaz a largo plazo).

Cuando hay premios y castigos, establecemos una pauta sobre qué y cómo hacer las cosas. Se les muestra a los niños que en la vida se les va a premiar por hacer cosas cotidianas, cuando en realidad, eso no es verdad. Y el castigo demuestra que la vida es hostil, y que pasará algo perjudicial si no hacemos lo que los demás esperan de mí. Lo cual, en mi opinión, tampoco es cierto. La vida no es tan dura, la vida no es tan hostil. Obviamente pasan cosas malas (aunque no me gusta la palabra “mala o malo”), y nuestros hijos vivirán situaciones injustas, incoherentes, e incluso dramáticas. Pero mi objetivo como madre no es ponerle ahora las cosas difíciles para que luego no sea tan duro, sino dotarle de herramientas para que el día de mañana, cuando sufra una de estas situaciones, tenga las habilidades necesarias para superarlas y aprender de ellas.

Por tanto, la Crianza Respetuosa plantea límites, pero con unas pautas o claves concretas, para que sean límites respetuosos.

 

 

Los límites deben respetar SIEMPRE las necesidades primarias de los niños

 

 

Las necesidades primarias son aquellas que garantizan la supervivencia del bebé y del niño. Son aquellas sin las cuales, no va a tener un desarrollo físico, biológico, cognitivo y emocional sano y equilibrado. Son necesidades legítimas y fundamentales de los niños y, por tanto, deben siempre, o en la medida de lo posible, ser satisfechas a primera demanda.

Primero es preciso que determinemos cuáles son esas necesidades primarias de la infancia. A mí me encanta el modelo teórico de Félix López, que aprendí en un curso de Soraya Sánchez (autora del blog “la mamá de pequeñita”) el cual hace un planteamiento en torno a cuatro grupos:

  • Físicas-biológicas: las más básicas, alimentación, seguridad, abrigo, higiene, sueño, actividad física… se trata de necesidades más fisiológicas.
  • Mentales y culturales: es la estimulación que van a necesitar para desarrollarse. Conocer su realidad, establecer un sistema de valores, creencias sobre la cultura que viven… vivimos en una sociedad que da mucha importancia al aspecto cognitivo (extraescolares, escolarización temprana, cuentos didácticos, juguetes educativos, etc).
  • Necesidades emocionales y afectivas: seguridad emocional, afecto, apego. Importante que los niños tengan una red de relaciones que estén insertos en su comunidad, integración sexual placentera e intimidad. Cuidados que reciben
  • Necesidades de participación: importancia de que niños y niñas estén en su medio y forman parte de ello, que tomen decisiones, que contribuyan, que asuman responsabilidad.

En cambio, las necesidades secundarias son aquellas cuya satisfacción no va a condicionar la supervivencia y correcto desarrollo del niño, pero si van a aumentar su bienestar. Suelen ser también calificadas como deseos o incluso, caprichos. Este tipo de necesidades cobran especial relevancia cuando detrás de ellas, lo que hay es una necesidad primaria no cubierta y suele ser una de las principales causas de los desbordes emocionales (rabietas) de los niños.

Nunca debes limitar las necesidades primarias de tus hijos.

 

Tipos de límites y normas

 

 

En Crianza Feliz y Consciente nos gusta englobar los límites y normas en tres grupos:

LÍMITES NATURALES: estos son los que existen sin que intervenga el ser humano. Están en la naturaleza y en nuestro propio ser. Por ejemplo, un precipicio es un límite natural que me impide avanzar por ese camino. El útero es un límite natural para el bebé. El tamaño de un niño pequeño es un límite natural que le impide alcanzar objetos en altura.

LÍMITES PERSONALES Y CULTURALES: estos, en realidad, son normas. Normas personales y culturales. Respecto a las culturales, toda sociedad tiene unas normas, y estas normas suelen estar basadas en la cultura del lugar, y que pueden diferir e, incluso, ser opuestas, según el territorio donde hayas nacido. Respecto a las personales, estas son las que cada familia considere fundamentales, y variará en función de cada familia y de sus necesidades. Por ejemplo, algunas de las normas que nosotros tenemos en casa son:

  • Comer y cenar todos juntos, sin televisión, móvil o similar, para poder conversar en familia.
  • No se salta en el sofá, pero si en la cama de mamá y papá (con presencia de un adulto).
  • Ponemos y quitamos la mesa todos juntos.

Cada familia es diferente, es preciso que cada familia reflexione sobre lo que es importante y lo que no. Lo que es importante para una, no lo es para otra. Por ejemplo, en mi casa no se salta en el sofá, primero porque es peligroso, y segundo, porque lo rompen. En cambio, pueden saltar en mi cama. En otra casa, no podrán saltar en ningún sitio.

La clave de las normas o límites personales es que SON NEGOCIABLES. ¿Esto qué significa? Pues que la norma es que cenamos todos juntos sin tele, pero los viernes hacemos noche de peli, y ese día, cenamos todos juntos en el salón viendo una película.

El menú tiene que ser saludable, pero algunos días podemos “excedernos” y cenar una pizza casera o un perrito caliente.

No se come nada antes de la comida, pero si hacemos un aperitivo, lo hacemos todos, incluyendo a los niños, y si luego no tenemos tanta hambre, no pasa nada.

Por tanto, otra característica de las normas personales es que SON PARA TODOS POR IGUAL. No hay normas para niños y normas para padres (o peor, normas para niños, y ninguna para sus padres). El equilibrio y armonía familiar se crea entre todos, niños y adultos.

Como dice Patti Cancellier, directora educativa del Parent Encouragement Program en Kensington, Maryland:

“Los niños están normalmente más dispuestos a seguir las normas cuando ven que afectan a todos”

LÍMITES NO NEGOCIABLES: Los límites no negociables los podemos englobar en tres grupos:

  • Respetar a los demás.
  • Respetar a los animales, materiales y espacios.
  • Respetar y asegurar la salud y a nosotros mismos.

Dentro de estos tres grandes grupos, creamos las normas o límites. Algunos ejemplos podrían ser:

Respeto a los demás:

  • No pegar, no gritar, insultar o amenazar (no hacer daño a los demás, física o emocionalmente).
  • No gritar por la noche
  • No jugar a la pelota por la noche
  • En un restaurante respetar el espacio de los demás, no agobiar. Si podemos expresarnos o jugar, pero con educación.
  • Respetar las normas de las casas de los demás.

Respetar a los animales, materiales y espacios:

  • No tirar cosas al suelo, si no es necesario (por ejemplo, un balón si lo podemos tirar, un juego de construcciones también, pero un vaso, el plato de la comida, etc. no).
  • No rayar el mobiliario.
  • Tener cuidado con los muebles.
  • No pintar en lugares no autorizados, como la pared (dar siempre alternativas).
  • No romper intencionadamente. Por supuesto, hasta los adultos rompemos cosas sin querer, por lo que es necesaria la intencionalidad.

Garantizar la salud y la seguridad (respeto a uno mismo)

  • No comer azúcar (al menos de forma habitual).
  • No comer fuera de horario (salvo, en nuestro caso, fruta, frutos secos…)
  • No jugar con cuchillos o materiales u objetos peligrosos.
  • No cruzar solo la calle.

Como veis, los límites no negociables son los que se refieren a la integridad física y emocional, así como a la salud. Estos no se negocian. Se cumplen siempre y los cumplimos todos. Aunque con algunos límites yo si hago excepciones, como habéis visto más arriba (si yo hago un aperitivo, por supuesto mis hijos también).

 

 

Como establecer límites y normas en casa 

 

 

Vamos a ver las claves para establecer límites y normas en casa, que os ayuden a crear un clima familiar respetuoso.

 

Pocos límites, cuantos menos límites haya, mejor.

Cuantos menos límites haya, más fácil será para el niño respetarlos. Es importante analizar los límites que ahora mismo tienes en casa y eliminar los que sean innecesarios, quedándote con los imprescindibles y absolutamente necesarios.

 

Deben transmitir respeto hacia los demás y hacia uno mismo.

Una vez hayas analizado los límites y normas que hay en tu casa, observa si los mismos respetan las necesidades primarias de tus hijos y tus propias necesidades.

Cuando nuestros hijos son bebés, todas, absolutamente todas sus necesidades deben ser satisfechas. Cuando son bebés, sus necesidades son todas de supervivencia, lloro porque si no, no sobrevivo. Tanto la alimentación a demanda, el contacto físico, abrigo, necesidades emocionales, apego… no son elecciones del bebé, sino que son necesidades biológicas, están así diseñados por la naturaleza para sobrevivir (el bebé de ahora, biológicamente hablando, no se diferencia en nada del bebé de las cavernas).

Según vayan creciendo, podréis analizar cuáles son vuestras necesidades fundamentales, y buscar el equilibrio a través de las normas de casa. Pero debéis aseguraros de que son respetuosas hacia vuestro hijo. Por ejemplo, si tu necesidad es que la casa esté recogida, puedes poner la norma de que todos colaboráis en recoger la mesa, si son pequeños, como un juego, pero en absoluto obligatorio. Asegúrate que las normas o límites sean respetuosos con la etapa de desarrollo de tu hijo: ¿está preparado para hacer lo que le pides (recoger sus juguetes, vestirse deprisa…)? En caso negativo, habría que buscar la manera de ayudarlo a hacerlo.

 

Deben ser claros, coherentes y conocidos.

Las normas o límites deben ser sencillos, específicos, conocidos y para todos igual.

En muchas ocasiones, damos por supuesto que los niños conocen las normas, por ejemplo, pintan una pared y damos por supuesto que saben que no se pinta ahí. Sin embargo, el niño es probable que no lo sepa. Además, es importante saber que el niño no es consciente que nosotros pensamos de manera distinta a lo que piensa él (si el niño piensa que pintar en la pared está bien, entiende que mamá opina lo mismo. Esto es la teoría de la mente). En ese momento, establecemos la norma de que no se pinta en la pared, le explicamos el por qué, y dejamos que nuestro hijo o hija la vaya asumiendo e integrando.

Debemos dedicar el tiempo que sea necesario para explicar a los niños cuáles son los límites y normas de nuestra familia. Los niños deben saber qué pueden y qué no pueden hacer (conocidos), y debe ser lo mismo que no podemos o si podemos hacer nosotros, además de ser respetuosos con la etapa evolutiva del niño (coherentes).

Si nos cuesta explicar de forma sencilla, con pocas palabras, un límite o norma, es que no es claro. Simplifica.

 

Deben ser flexibles a lo largo de la vida del niño

Los límites y normas (salvo los no negociables) están vivos, son cambiantes, en función de las necesidades familiares y la edad del niño. No son los mismos los límites con 2 años, que con 6 años. Debemos adaptar los límites y normas a nuestra realidad familiar de cada momento. Además, deben ser revisables, es decir, si vemos que un límite o norma es muy difícil de cumplir, revisa tus expectativas y no tengas miedo de eliminarlo o modificarlo para que se adapte mejor a vuestra situación.

 

Negociables, llega a acuerdos.

En función de la edad de tu hijo, los límites deben ser negociables, y a ser posible, que lleguéis a un acuerdo con vuestro hijo. Es más fácil respetar una norma, cuando has sido parte en la decisión de establecerla. No hay ningún problema en negociar.

Por ejemplo, la norma es ducharnos todos los días, pero no me importa que sea antes de jugar o después de jugar. Negocia con tu hijo, llega a un acuerdo. Y será mucho más fácil para tu hijo ducharse si se ha sentido escuchado, si ha tenido poder de decisión (aunque sea elegir entre dos alternativas que tú le hayas dado) y si ha participado en el establecimiento de las normas.

 

 

CLAVES Y CONSEJOS PARA NO VOLVERTE LOCA CON LOS LÍMITES

 

Para terminar, os doy unas claves que debes tener en cuenta a la hora de establecer límites o normas sin volverte loca, para lograr que se interioricen por tus hijos:

  1. Los límites no deben ser una forma de dominar la relación con tus hijos, de hacer que hagan lo que tú quieres, de controlarlos (aunque sea muy tentador) sino como una forma de guiarlos.
  2. Repetir muchas veces. Los niños no aprenden a la primera (los adultos tampoco). No importa cuántas veces haya que repetir una norma, lo haremos con respeto y empatía (os aviso que hasta que un niño integra una norma, pueden pasar mucho tiempo).
  3. Entender que las normas no se cumplen siempre, que es lo normal. Lo importante es cómo gestionamos que no se cumplan, es decir, nuestra reacción cuando se incumplen. Tenerlo como una oportunidad de aprender y de modelar la forma de resolver el conflicto, o de gestionar un enfado.

 

Y algunos consejos que os ayudarán a integrar los límites y normas en casa, logrando armonía, incluso cuando toque decir NO:

  • Utiliza un tono emocional respetuoso cuando expliques un límite o informes sobre su incumplimiento, es decir, no lo expongas de manera agresiva, amenazante o con gritos. Con esto conseguirás que tu hijo te obedezca, pero por miedo, no por haber integrado la norma y haber entendido el por qué de la misma. Recuerda que El grito, la amenaza, la falta de respeto activa el miedo en tu hijo.
  • En su lugar, informa sobre los límites de manera afectuosa, y lograrás que tu hijo comprenda e interiorice por qué se están estableciendo esas normas, su significado, desde la confianza y desde la contribución, ya que tu hijo habrá colaborado en las mismas y se sentirá parte importante del proceso.
  • Busca alternativas para las normas que puedan ser negociadas o adaptadas, y propónselas a tu hijo en momentos de conflicto.
  • Revisa tus expectativas.
  • Utiliza un lenguaje positivo: sustituye no corras, por ve mas despacio; no se tiran los juguetes, por si tiras los juguetes se pueden romper; no saltes en el sofá, por si saltas en el sofá se puede romper ¿saltamos en la cama?. De esta forma, cuando tengas que decir NO, será más fácil de asumir por tu hijo.

 

En el próximo artículo, vamos a ver qué podemos hacer si nuestro hijo ignora las normas… ¿Te interesa? ¡Te espero dentro!

 

Un abrazo!!!!!!